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jueves, 19 de marzo de 2015

A los hijos se les quiere con el corazón... y de eso también tenemos los hombres

Imagen de doc_
Puede que sea por el cambio hormonal que dicen que sufrimos los padres. O el efecto de dormir poco... O que me hago viejo... El caso es que cada vez me indigna más el papel que se supone que jugamos los padres en esta sociedad.

Y tenía que haberlo sospechado mucho antes de que naciera mi hija, ya que la publicidad ya va dejando las cosas claras. Basta con ver los productos en cualquier sección de bebés: en la mayoría se ve a una mujer con un niño. Y en los pocos en los que aparece un hombre, lo más frecuente es que esté distante, observando a la mujer y el niño, como protegiéndoles. Sólo falta ponernos con pieles y una lanza en la mano.

Pero lo cierto es que hasta que no se es padre, tampoco nos fijamos mucho en ese tipo de productos, así que cuando nace tu hija te coge por sorpresa que mucha gente se dirija sólo a la madre cuando vas a comprar algo para la niña, pedir información...Mi mujer ha tenido que decir en alguna tienda: realmente es él el que lo quiere, o el que más lo va a usar...Para mí es igual o peor que ir a comprar un coche con ella y que el comercial se dirija sólo a mí.

Y esto no es algo que pase sólo en la lejanía de la publicidad o la distancia de un empleado al que no conoces...En el calor de la familia y las amistades también pasa. Y muchas veces el padre se vuelve invisible cuando la gente pregunta qué tal están...Es cierto que no sufrimos el parto (sí, pero no en primera persona). Y como de pequeños nos enseñan que los hombres no lloran y son fuertes, tampoco importa cosas como que apenas duermas un par de horas al día y estés cogiendo un coche para ir a trabajar...O que todo sea nuevo y a veces te supere el miedo a que puedas estar haciendo algo mal o a que le pueda pasar algo a lo que más quieres en este mundo.

Pero todo es soportable, hasta que intuyes que alguien piensa que su madre la va a bañar mejor que tú. La va a vestir mejor que tú...o se lo va a hacer todo mejor que tú, porque la madre es la madre. Ahí me cabreo por la parte que me afecta a mí. Y me entristezco por la parte que le afecta a mi mujer. La sociedad sigue cargando esa loza machista sobre ella. Puestos a sacrificar una carrera profesional...¿con quién estaría mejor la niña?

En fin...Me voy con mi hija, que aunque en la publicidad no aparezca, los padres también besamos, bañamos, cuidamos, alimentamos, amamos, ... a nuestros hijos.

¡Feliz día del padre!


jueves, 12 de marzo de 2015

Un paquete de pañales y dos kilos de paciencia... por favor

Imagen de danjaeger
No sé si soy un buen padre... llevo poco tiempo en el gremio y además, no sería la persona más adecuada para determinarlo. Lo que sí tengo claro es que voy a intentar serlo. Y en ese camino, ya he aprendido algo: la paciencia es un ingrediente indispensable.

Hace un par de días, tras darle el bibe a Milagrito iba a cambiarle el pañal y la ropa. Una tarea sencilla, que no tendría que llevar más de diez minutos, así que ya estaba planeando qué iba a hacer a continuación... ¡¡QUÉ ERROR!!

Al quitarle el pañal, veo que no ha hecho caca, cosa rara en ella porque tras cada comida, con precisión alemana, la mujer se queda a gusto. Así que decido esperar un poco, porque estoy seguro de que se lo va a hacer... Pero no le veo intenciones y tampoco la iba a tener ahí todo el día, así que le pongo un pañal limpio y le cambio la ropa. Cuando estaba abrochando el último clip del body, que no eran pocos, escucho el temido "PHHSRRR"...¡LO SABÍA!

Así que vuelvo a desabrochar lo justo para quitar el pañal, la limpio bien, seco, pongo cremita (porque estos días le estamos poniendo)...y justo en ese instante que ella sabe que soy vulnerable (PORQUE LO SABE), que es el momento en el que quitas el pañal viejo y vas a poner el nuevo.... ¡¡LA MEADA DE LA VIDA!!

Al ser a escape libre, coge el body a la altura de la espalda, recién lavadito, dobladito y puesto...Así que a empezar el ciclo. Si se tratara de cualquier otra cosa, ya tendría suficiente como para acordarme del santoral completo, los doce apóstoles y algunos de sus colegas...Pero es mi niña y hasta me río.

Vuelvo al punto de partida, pero esta vez con la tranquilidad de saber que ya no le queda munición... ¡¡QUÉ ERROR!! Mi confianza hace que me coja desprevenido, y cuando estaba como vino al mundo, se vuelve a hacer caca...con alegría, no una simple pedorruta...¡NO!...una cagada en toda regla que deja un reguero de mierda en el cambiador...

Y ahí estoy yo, que me había arrimado un poco para esquivar un buche, luego para esquivar una meada y ahora tenía que esquivar una montaña de MIERDA... y el cambiador no es infinito. Así que improviso un cambiador en la cama...y vuelvo a empezar...¡OTRA VEZ!

Y los diez minutos se convirtieron en una hora...Así que voy aprendiendo: los niños tienen sus propios ritmos. Y ahora intento organizarme con tiempos relativos. Por ejemplo, digo: cuando termine con el bibe (sin tiempo previsto) haré tal cosa, si me da tiempo...y si no...bueno, ¡qué importa! Lo importante es que se coma su bibe y yo disfrute dándoselo.

viernes, 6 de marzo de 2015

Tengo super poderes: Soy padre

Espero sentarme con calma a escribir cómo fue la llegada al mundo de Milagrito... Pero ahora quería contar lo que empecé a descubrir en ese mismo momento.

Hasta el 15 de Febrero, yo no había cogido a un bebé que no mantuviera más o menos bien el cuello por miedo a hacerle daño. Hasta ese día, una noche en la que me despertara un par de veces, era una mala noche y me costaba muchísimo aguantar despierto el día siguiente, ... Hasta ahí, era un chico normal.

Pero mi hija, que tenía prisas por conocer este mundo, me cambió por completo desde ese mismo instante en el que nació.

Al ser prematura, todos nos decían que era fundamental el contacto, que nos sintiera, que nos escuchara, ... Así que cuando me dijeron que si quería darle el primer biberón no podía ni quería decir que no. Y me asustaba cogerla y hacerle daño. Me asustaba verla con un respirador en su pequeña nariz... Me asustaba tirar de la sonda gástrica, o lastimarla con la vía... Pero ahí ya empezaba a notar el cambio que ella estaba provocando en mí: mi miedo no importaba. Mis lágrimas ya no tenían sentido...  Así que la cogí, y le hablé, y la besé... y le conté que su madre pronto la iría a ver. Y le dije lo guapa que era, ... Y ella comía... Así que las lágrimas se transformaron en sonrisas con cada uno de sus buches. Y el miedo en alegría cuando le quitaron la sonda al ver que comía bien.

Con una niña preciosa que luchaba con fuerzas y pronto no necesitó ninguna de esas mangueras que la rodeaban. Y una mujer que aunque lo pasó realmente mal, cuando por fin pude verla tras su cesárea mantenía la sonrisa como una campeona y se aseguraba de que su hija estuviera bien antes de saber cómo estaba ella... Con esas dos joyas en mi vida, era consciente de mi nuevo super poder: Soy padre. Y ahora sé que sería capaz de cualquier cosa por ellas.

Y tras 36 horas sin dormir, nunca me había sentido tan fuerte. Y le siguieron varios días en la silla de un hospital, descansando a ratos cuando se podía, pero sintiendo cada vez más fuerza, porque mis chicas se recuperaban.

El sueño ya no me hace tanto efecto... El miedo ya no me paraliza si se trata de estar con ellas... No es uno de esos super poderes que te ayudan a proteger el mundo. Pero sí sirve para proteger nuestro mundo y hacer todo lo posible para que ellas sean felices.